Quisiera ahora encenderte un bosque de faroles...
me entregarás el poema que no se escribe y que queda en el negro lienzo,
fundado lucero... en el tiempo, para memorias y olvidos, un lucero.
A ese saco echaremos el polvo de los huesos y los gritos más desalmados, en las alforjas solo caben leña y tinta y fuera de ellas, aun en la espalda, solo hilo y la guitarra de siempre, para burlar el frío y para que no se nos olvide cantar cuando el camino se haga largo.
De a pocos, cuando cantas, vas desprendiendo los tendones a mi espalda, desnudando las cuencas donde tejeras de caricias un par de alas bravas, hasta que toda la carne se deshaga y de mí se haga al espectro preciso, y mi asta en tu sonrisa sea perenne alzada como el nombre de un fantasma, que sea yo la voz que no tropieza y el paso firme que se aferra, el escudo que no cede, el peregrino que no cansa. Que sea el patriarca más rebelde y el más infantil de los amanuenses.
Que los gritos que alzaba en mi niñez, le ruego a los silfos de la noche, vuelvan a la vida del reino de los muertos, que andantinos erran entre los distantes astros, para llevarnos lejos, para empujar las velas, encantar los maderos, soplar las hojas, cubrir tu piel en las noches y enseñarle a un alma nueva las maravillas del mundo, sin miedos ni perversiones, porque él, amor mío, él sabrá más que nosotros y él, querida mía, alma toda de la mía, aprenderá a volar antes que gatear y aullará a la par que clama aferrado de tu pecho la esperada llamada, tan sutil, tan serenada: Mamá.
Tinta y leña de las alforjas serán vaciadas, y con ellas nuestros días no serán flagelantes ni sus horas esclavizadas, tendremos siete mil momentos para mantener encendida la hoguera y la vida para derramar la tinta e ir por nueva; los relojes, mi pequeña curiosa, serán tan solo enseres vanidosos, colgados como alhajas a las paredes para que bailen y arrullen cuando sus engranes más viscerales se sientan necesitados de expresión. Todo esto, Niña de siempre, es un sueño y una promesa tambien.
Tenemos dos pies y en ellos nos tambaleamos,
tendones que crujen y se raspan los unos con los otros,
cabezas que se balancean pesadas en las noches
muy cargadas de olvido y nostálgica melancolía.
Hemos sido fruto indeciso de la fuerte y noble tierra,
que como ríos ha encauzado el raudal de nuestras fuerzas
en agua roja que retumba en nuestros pechos
e inunda toda horma asida en cada huella.
Nos llamamos monstruosos, perversos y recreadores;
Teniendo palabra hemos bautizado y maldecido,
Con nuestras manos hemos tejido y descosído,
Aunque, también, hemos sido
Mirada que se aleja
pupila que se empaña
garganta que desgarra
precaria que se alza
…
Podemos aun soñar con el pecho atiborrado de sangre,
nombres y gritos aun claman por las alas que dieron a las aves,
hay aun una voz que ruega el brillo a las estrellas y la belleza a la noche
lo vasto a los prados y los mares, la sutileza y la constancia al viento
la alegría y el perfume de las flores:
Podemos soñar cuando la luna se alza completa a trinar entre nosotros.
Mientras el viento sople
esperará mi pecho henchido
y se desgarraran las paredes de cuero.
Se fundirán piel y costillas,
Hasta que tú regreses.
Mientras que las miradas solo contengan vacio
vagaré de un extremo a otro.
Esquina a esquina recogeré la memoria de tus pasos,
le arrancaré tu voz a su distorsionado eco,
entre gritos y balbuceos
no dejaré que se apague tu nombre en el viento
y entonces estarás aquí,
habrás vuelto y harás de tus lagrimales tintero
Serán tus huesos mi mármol
Tu abrazo mi sarcófago
y volveré a retozar en aquellos campos verdes
crecerán las flores al invierno,
se fundirán el sol y la luna en un solo astro
y serán tus ojos el firmamento
y tú, memoria, silencio, sonrisa,
serás el santuario por el que resonaran mis pasos
y el eco de mis risas alcanzando tu juego
Pero mientras tanto
la noche seguirá avanzando.
Y las nubes cubrirán mi cielo
cuando mire hacia él en busca de consuelo.
Y arderá la ciudad
Se quemará mi alma
El fuego consumirá mi hogar
Y mis sueños se harán cenizas.
Mientras el viento sople
esperará mi pecho henchido
y se desgarraran las paredes de cuero
Se fundirán piel y costillas.
Seguirá la Luna ocultando su rostro
Y las estrellas rehuyendo su brillo.
Se marchitará el pasto bajo mis pies
Y se mantendrá en mi cuerpo el olvido
…
Hasta que tú regreses
Ayer el cielo no decía mucho porque estaba detrás de las cortinas y eso, eso mis queridos amigos es ser más que simplemente hedonista. Ayer yo no escribí, ellos lo hicieron; yo que me gasté la tinta gritándoles reclamos sordos y desesperados a los dos, a todos, así que ayer me quedé sin escribir.
Mientras ellos lloraban todo un potente océano de lagrimas y lo llenaban de pez y lamentos, se soñaban con un bosque oscuro, se dibujaban y desdibujaban nubes informes, conformes, rebeldes, mientras desnudaban frutas maduras y tiraban la cascara triste, sola, sin asestarle al cesto y le lloraban y le cantaban al rocío de los ojos que se desparraman cuando escuchan y leen el cuchicheo de los timbres en las bicicletas de la mañana repartiendo los diarios… yo estaba allí, inerte, habiendo olvidado abrir la bendita ventana para que la mariquita volara fuera y no terminara por posarse en mi ojo, eternamente abierto… yo, sin inmutarme, no escribí.
Ustedes creyeron que a mí me dio por escribir por y para ustedes. Bien se equivocan, pero la culpa, no digo me sea ajena. Yo vine aquí y claro, me quedé ¡craso error!
A mí la poesía me la brindó el mismo que me animó la vida y sus fingidas certezas no valen ni por por una, ni por el más ínfimo fragmento de su sonrisa. Es por eso que me marcho, porque a él y a ella me debo, calzas, manos y palabra y solo a él y ella les podría rendir cuentas sin fijaciones ni afanes.
Y si algún hermano, con la misma marca, se acerca a sus puertas aun temeroso de la vida, que sepa de una vez que ni certezas ni azares dependen de su capricho estatal y que una mística providencia, al final, les arrancará esa insana paz inundada de estanques putrefactos y les dará una última luz y una última sombra, un silencio perenne, y solo de ellos depende abrazarlo antes de que se los imponga la tumba.
No rebeldes, aficionados a la rebelión.
No devotos sino panfletarios inconclusos.
Lenguas cortadas, artríticas manos pintadas… ¡por favor!
Callaos ya que tanta incompetencia está ahogando la autentica devoción
Callaos, callaos, que vuestra alma no es sino adorno de férreos enseres!
Vosotros que no sois sino engranes pero aun alzáis la cabeza al cielo:
¡Dejad a las aves volar!
… No sea que más pronto que tarde encontréis el cielo vacío y gris.
Una vez más el velo teñido de rojo, una vez más la noche y la luna sin visión posible.
Una vez más que pierdo al horizonte amor y fraternidad. Una vez más que bailo con los muertos…
Y me he hecho torpe: trastabillante adelanto cada paso: calados tengo los huesos…
¡Y qué bien se mueven los esqueletos ¡! y qué bien ríen!
¿Tanto más mi amor? ¿Mi señora, será hora ya? ...¿Será otra la hora?
Ostenta tu mano, clava en mí tu piedad. No me dejes solo soledad.
Llévame contigo al sepulcro del silencio, llévame contigo y no me dejes ver atrás.
Gota por gota ya han llovido tantos otros el pesar y yo quiero sonreírte,
señora pálida, amante de los que se van, oh tú, último abrigo del hombre huérfano,
en medio de la estridente selva infernal, recuerda mi nombre y olvida mi infamia, recoge los sueños y comienza a volar!
Las noches...las noches suelen ser oscuras y hermeticas, suelen ser cantos silenciosos resonando detras de mil velos, por un pasillo arcaico, lleno de remembranzas.
Las noches suelen ser tranquilas y guardar bestias aullantes que estremecen a los oídos dormidos y a las almas calmas, donde se develan todos los sueños de los niños y los hombres con mayor presteza y temor.
Las noches suelen estar llenas de magías inhumanas, enajenantes de la raída senda de los malos mortales, suelen ser una tranquila invocación a la muerte...
Esta noche no estás y te tengo marcado por todas partes. Me has traído calma y me has hecho estremecer a cada paso, si camino entre las calles grises de esta ciudad tan vacia, tan ignorante, tan indolente, tan petulante, ciudad al fin y al cabo, no me encuentro con otra cosa que el ruido sordo de mi sangre clamando por tu nombre, gimiendo en sus lagunas por una gota de tu silencio, derramandoce sobre sí misma frenéticamente para llamar la atención de los astros tan lejanos, tan luminosos, tan ignorados, tan indolentes... buscando la luna para que me recuerde tus ojos y me deshaga los nudos de carne que se me forman entre tendón y tendón.
Esta noche, con su viento frío arropandome de mi, no se vasta sola para aullentarme los temores, y por eso, hermana mía, te pido que vengas a mi ventana, que me arropes en tu abrazo y me beses con silencio, que me hagas olvidar el nombre impuesto, que me des uno nuevo, que me enseñes a cantar con lagrimas de sangre y tañir de purpuras cuerdas, que no me dejes solo y seas mi escapulario para ullentar a los demonios y las bestías que dentro de mí aullan y se revuelcan intentando deshacer los velos de tu noche.
De rojo se pinta el cielo en las salmodias del ardor y el nuevo fuego,
esperanza roja tiñiendo día y noche el firmamento.
Crisol del renovamiento, causa divina de la nueva raza, el nuevo efecto: Un solo verso
Roja la cruz templaria y el halo en sus espadas.
Rojo su sacrificio y su eterna remembranza.
Rojo por el rojo de los clavos y la corona carmín de los espinos.
Rojo el fondo de la cruz gamada conjurada por los alemanes bravos,
esperanza roja prescediendo a un pueblo.
Remembranza de glorias, la utopía de un mundo nuevo.
Roja la bandera del comunismo, de la hoz y la maza,
la que canta la internacional sobre comunas y alzadas.
De rojo matizados los paños negros de los nobles anarquistas,
confiando en la nobleza de los hombres,
Asamblea de los hermanos.
De rojo todos los trapos sacros que mencionan la gloria de los hombres por su causa:
Roja la sangre como tinta con la que se escribe la historia y la memoria...
Rojo el dolor. Rojo no será el olvido porque de rojo nacemos todos los hombres.

Cuando tus calzas hayan ya
deborado el polvo del camino
tus huelleros cansados esperaran silla o cobijo.
Cuando esperes ver más cerca
la esperanza del cumplido y el olvido,
verás mis negros ojos y a su brillo inquisitivo.
Yo soy tu encrucijada,
soy la duda, tu temor.
Soy yo lo que te queda
antes de caer en un lecho o a cajón.
Escoje tus palabras y no mires más atrás.
El camino ya fue largo y solo queda un juego,
uno solo por jugar.
Que si amaste, que si erraste, que si odiaste o la ira no bastó,
que si fue profunda la estocada o bien cocido el abrigo del querido y su dolor:
No preguntes y responde que es aquí en mi pescuezo que el oro aguardando está, acá en el arrabal.
O lo tomas o te dejas, sangre y entrañas, en mis garras quedarán.
(Propiedad por concesión y derecho de inspiración de:
Laura Berdugo Gil.)
El viento silba en medio de una noche adormecida. Los colores se mecen entre el monocromísmo del cielo y las encapotadas nubes teñidas de rabia y sangre, contienen la búsqueda por calmar mi insana concepción.
El viento silba y la lluvia gotea insistente sobre la calle, la duda me inunda, impaciente se adueña de mi cordura y ese raído y brusco musculo que llevo por corazón.
Una sombra es el canto que me trae el mecer de los arboles, desde la lejana nada no dejas de golpear la barca de mi consciencia y volcarla como ola embravecida por tremenda tempestad. ¿Dónde cantas? ¿de dónde viene tu voz que me llama con tanto filo, que me desgarra de culpa, que me esperanza como un puñal cargado de carmín perdón, envenenado de piedad!?
Duele el amor. Más que la traición duele el amor.
Duelen los rostros tristes de una mujer amante.
Duelen las lágrimas de un sueño delirante
y de otro más...
Duele el amor, más que el olvido duele el amor.
Duelen las visiones borrosas de esmeros tardíos,
Duelen los sonidos de las voces en el crepúsculo.
Y a la mañana viene el silencio.
Duele el amor más que la traición. Duele el amor.
Duele la punzada culposa, ruinosa y delatora
de todo aquello que nos demuestra lo que no somos.
A fin de cuentas incontables, por que las palabras no se cuentan,
no nos queda otra cosa que la encrucijada de caminos,
la tristeza sin rabias ni decepción más iracunda y famélica de todas.
Viene el amor a tocar a mi ventana, y no se digna a tocar una vez
repiquetea con puño sobre madera y ahinco en la campana.
Viene el amor a robarse la calma, y viene la belleza
como si ninguna alteración causara, a pasearse sobre los jardines
de lirios marchitos y rosas intoxicadas...
Vienes amor y no te vas...y no me voy ¿por qué?
No es como cuando se está para zombie, es mas bien un completo ausente en algun asiento a la mesa del vivir.
Cuando se mira el cielo le falta un pedazo -hay una estrella consumida que ya no alumbra y deja huerfano tanto espacio que hace falta, pero por lo mimso tan solo se niega. No es como no sentir dolor, pero tampoco como deshacerse en él- creo que ya estaba desecho- es mas bien como que el ser entero sabe que no lo aguanta y se dedica a estallar antes del llanto, antes de las palabras del adios y no se acepta la partida del todo, la ausencia y la nada.
Es estar ahí con una gran muerte por dentro que ya no vuelve a sonreir, nisiquiera con ironia...
y... el amor? ¿preguntas por el amor?...mmm... bueno, el amor nunca se va, pero no todo lo que se queda, no todo lo que uno conserva consigo, tiene su atención; a veces su peso y valor se funden a uno y ya no se notan, como los zapatos al andar, pero siempre estan ahí... siempre... Más que los zapatos.



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